viernes, 14 de febrero de 2014

Mi tierra en el corazón la tierra que me robaron By Ricardo Portabales Jr




Operación Nécora.

Baltasar Garzón.

Ricardo Portabales Jr. 20 años después…

Resumen de mi llegada a mi pueblo... Quiero compartirlo con
vosotros.

La morriña o nostalgia es un sentimiento propio en todos los
seres humanos amigos. Sin embargo, para los gallegos es mas que un simple
sentimiento, es un sello particular de identidad.
La morriña de aquel gallego que un día —sin desearlo—dejó
atrás su familia, su casa en la aldea, su amada y verde campiña, sus amigos y
emprende viaje hacia tierras desconocidas y no pocas veces ingratas... donde
permanece lejos de todo lo que ama, donde los años transcurren en silencio
cómplice con la tristeza…

Esa morriña llega a convertirse en un sentimiento que
desgarra el alma. Morriña del emigrante le llaman que alguna vez lloró la
muerte de sus padres, abuelos o familiares sin volverles a ver… y quizás,
acolitado por esa misma morriña, también le llegó la muerte sin volver a ver su
Terra Nai.
Como esa morriña no hay otra igual y hay que ser gallego y
sobre todo emigrante para comprenderla a fondo.

Los hijos de los gallegos, vivimos otra forma de morriña, no
por ello menos profunda. Una morriña que va gestándose en nuestro interior
desde la cuna., cuando nos adormecíamos con un canto de cuna en gallego que,
aunque no entendía bien, sonaba en labios de mi madre o abuela a arrullo de
ángeles.

Cuando mis abuelos me contaban de Galicia y sus labios, como
diestros pinceles sobre un lienzo, me pintaban con detalle la vieja aldea, las
altas montañas, el límpido cielo, los verdes valles, las frondosas carballedas
o Carballeiras y castiñeiros, y sus viejos animales así como nuestro himno
gallego el corazón parecía estallarme de emoción...

Incluso llegaba a imaginarme escuchar el canto de la abubela
(pájaro) o el reclamo de la pega en una fría mañana primaveral...

Poco a poco, al paso de los años, estando escoltado por las
fuerzas de seguridad del estado y sin salir de mi refugio, no por que no
quisiera, si no por que no me dejaban, fuí creando en mi corazón un álbum de
recortes y empecé a sentir mis primeras morriñas…

Morriña por conocer lo que dentro de mi alma, ya conocía.
Recuerdo cuando joven, que trataba de entender la morriña de mi abuela, que fue
quien me crió, cuando me contaba lo verde que eran los prados de su aldea. Y yo
le decía: «Pero abuela, aquí también todo es verde», y con un quedo tono de
voz, propio de su profunda morriña me decía: «Meu fillo, non é a mesma herba».
¡Vaya por Dios, ahora comprendo cuanta razón tenía…muy verdes eran ambas pero
no eran las mismas yerbas.

Así pasan los años y vuelvo a mi tierra, ya muertos nuestros
abuelos, Me llega el momento en que me libero de todo lo que me ata a Madrid en
el entorno del día a día y entonces, llego a Galicia por primera vez…

Llevába, como equipaje del alma el «álbum de recuerdos» que
guardaba desde pequeño… en la garganta un nudo de profunda emoción…y una
lágrima delatora empaña mi mirada ansiosa mientras miraba por la ventanilla del
tren.

Allí está el viejo ya reformado con los años pueblo de mis
abuelos “Marín” y mas allá la casa de mi madre o lo que quedaba de la casa de
mi madre ya en ruinas “Estribela de Arriba” reconozco todos los lugares que
guardaba en la lembranza de mi memoria.

Ese día, la vetusta capilla de Placeres, engalanada para la
fiesta de San Antonio…con sus vibrantes campanadas parecía celebrar mi llegada.

Emocionarme hasta lo mas profundo de mi ser con el abrazo
apretado y salpicado de lágrimas de esa familia que nunca había podido
estrechar pero que conocía hasta cada uno de sus nombres.

Es entonces cuando recibí, lo que he dado en llamar, el
bautizo con Auga Meiga, agua nacida de las lágrimas que no se pueden contener.
Desde ese día hasta el último de nuestra existencia, viviremos la eterna
morriña por volver a ésa… Nosa Terra que nos embrujó robándonos el alma. Porque
Galicia vivió siempre, sigue viviendo y vivirá por siempre en nosotros…porque
soy Gallego.



Ricardo Portabales Jr.

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